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El libro de segundo 19/09/2007
Primaria distribuyó un libro a los alumnos de segundo año
de todo el país.
La autora logró tan caro objetivo a través de un concurso.
Y el libro se editó. Así nomás. De la mesa de la autora
a la imprenta.
Nadie lo vio, nadie lo revisó, nadie lo corrigió.
Lo largaron nomás.
El libro resultó un fiasco. Más de cien errores y algunos
horrores (has del verbo haber con z). Primaria puso cara
de no saber nada y Codicen respondió públicamente de la
peor manera “es una oportunidad para aprender, aprendemos
de los errores”. Por favor! A los niños de segundo les entregaron
un problema, no un libro. ¿Entonces ahora los libros de
química vendrán con las fórmulas equivocadas así los adolescentes
aprenden de los errores? Un dislate.
La otra respuesta para salir de la incómoda situación fue
que harán una “fe de erratas”.
¿Fe de erratas a niños de segundo año?
Debieron guardar prudente silencio y retirar el libro. No
había otra respuesta.
Los libros son una vigorosa herramienta educativa. Reafirman
los aprendizajes, comunican mensajes, establecen asociaciones
positivas y perfeccionan la tarea del aula. Ayudan al maestro
en conducir al niño por el descubrimiento. El libro debe
ser amigable con el niño, promover su imaginación y avivar
el pensamiento. Es un hilo conductor con la familia.
En suma, un libro es aprendizaje, no un obstáculo al que
hay que sortear.
El libro ayuda a aprender, no a generar confusiones.
El libro es un amigo inextinguible, no un generador de errores
ni un promotor de tropiezos, justo cuando la lengua materna
debe ser reafirmada, tanto en su expresión oral como escrita.
Los niños de segundo año, de entre 7 y 8 años merecen se
los trate con respeto.
Merecen de nosotros lo mejor.
Necesitan una caricia no una bofetada. Alguien debiera disculparse.
José Carlos Cardoso
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